CLEIDER JAMER GUEVARA BARDALES
Autobiografía:
Mi vida ha sido una corta o tal vez una novela extensa, está repleta de peripecias, anécdotas, tristezas y alegrías. Nací en casa de mis abuelos por línea materna, el 18 de abril de 1989, en el centro poblado menor el Naranjo, comprensión del distrito de Chalamarca, provincia de Chota, departamento de Cajamarca. Mi abuelita Amelia contaba que a los quince días después de nacido, ella y mi madre me llevaron al distrito de chalamaraca, provincia Chota, para hacerme inscribir en el registro público de ese distrito, y al momento que el registrador les preguntara por mi nombre, no sabían que nombre ponerme, entonces mi madre mirando hacia un calendario que había en la pared de ese lugar vio que decía “Cleider Jamer”, entonces le dijo al registrador que mi nombre era Cleider Jamer. Pocos días después buscaron a mis tíos Luisa Estela y Gregorio Bardales para que apadrinaran mi bautizo los cuales muy gustosos aceptaron, y antes de que pasaran muchos días llevaron a cavo mi bautismo en la Iglesia Católica del centro poblado “el Naranjo”. También contaba que cuando yo nací él señor Petronilo, vecino nuestro, quería que me regalaran a él y su esposa porque ellos solo tenían hijas mujeres, a lo cual mi madre y mi tío Zacarías se negaron rotundamente y no aceptaron por ningún motivo.
Yo soy el 1° de mis cuatro hermanos los cuales por orden de nacimiento son los siguientes: Dagny Karina, Marianela Jeraldiny, Robin Manuel, Katerin Jhudit y nuestros padres son: Manuel Segundo Guevara Miranda y María Isabel Bardales Pósito. Nuestros abuelos por parte de nuestro padre son: Artidoro Guevara y Gregoria Miranda y por parte de nuestra madre son: Eugenio Bardales y Amelia Pósito. Debo aclarar que en la actualidad ya todos mis abuelos han fallecido.
En el año 1994 cuando yo tenía cinco años de edad, mi abuelita Amelia y mi mamá me enviaron a la escuela, por influencia del profesor Segundo Vásquez, en ese entonces director de la escuela N° 10529 “el Naranjo”, decían que fue porque yo a mis cortos cinco años ya sabía leer. Algo que siempre recuerdo de mi primer día en la escuela, es que un niño mayor que yo, del 3° grado de primaria, me dio un coscorrón en la cabeza por haberle robado una canica. Recuerdo que para ir a la escuela era requisito indispensable tener los pies, cara y las orejas bien limpios, de lo contrario, a la hora de la formación el brigadier general quién era el encargado de revisar el aseo de los alumnos y que siempre andaba con una regla de madera, a la cual todos los alumnos llamábamos “panchito”, le daba tal porrazo al alumno desaseado, que en algunas ocasiones le hacía llorar, por lo que, raros eran los alumnos que se iban a la escuela desaseados por temor al famoso “panchito”.
Cuando estaba en el cuarto año de la primaria (1997), recuerdo que teníamos un profesor a quien no estoy muy seguro, pero creo que la mayoría de alumnos despreciábamos, porque tenía por costumbre castigarnos con una rama de chilca, que él llamaba “caramelos”, a todos los alumnos que no hacíamos la tarea. Un día en que el profesor se había demorado en llegar a la escuela y que casi todos los alumnos habíamos ido sin hacer la tarea, decidimos terminar con el causante de nuestras desgracias, “caramelos”, arrojándolo a un poso de carpas (pez de la familia de los ciprínidos) que había cerca de la escuela, acordando que nadie dijera lo que había pasado con los “caramelos”. Poco tiempo después el profesor llego a la escuela y con voz enérgica dijo: ¡tareas! Y todos permanecimos callados sin movernos de las carpetas, el profesor al ver que nadie había hecho la tarea decidió buscar la rama para castigarnos, la busco por un largo rato y al no encontrarla dijo: “¡donde están los ‘caramelos’!, todo el salón seguía en completo silencio, ¡a con que no quieren decírmelo!”, Entonces salió del aula y al poco rato regreso con una soga de esas que se usan para amarrar el ganado y cogiendo su cuaderno de lista, empezó a llamarnos a todos los alumnos uno por uno. Recuerdo que nos proporciono tal tunda, que hasta ahora me arrepiento que hayamos escondido los “caramelos”.
Cuando estuve en 5° grado de primaria (1998), a mis 10 años de edad, fue cuando mis padres decidieron convivir, pues mi madre se encontraba embarazada de mi hermana mayor, hasta entonces yo había vivido con mi abuela Amelia y mi tío Zacarías, a quienes les estoy agradecido por haber cuidado de mí durante esa etapa importante de mi vida. Posteriormente mis padres decidieron llevarme a vivir con ellos, con lo cual no estuve muy de acuerdo que digamos, por lo que cada vez que tenia oportunidad me escapaba a casa de mi abuela para jugar con mi perro Pisco y para comer las dulcísimas limas que producían en su huerta. Debo aclarar que en la actualidad mi abuelita Amelia con quien viví los mejores años de mi vida y a quien considere como mi madre, ya ha fallecido.
Mi casa en el centro poblado menor el Naranjo
Mi vida durante la primaria en mi querido “Naranjo” fue muy hermosa. Los sábados y domingos los chicos de la escuela íbamos a bañarnos y a pescar unos pececillos llamados “llushcas” en la quebrada el Cuchac. Una vez, estando los chicos de la escuela pescando en la quebrada metiendo la mano debajo de las piedras buscando las “llushcas”, a mi amigo Isaías le cogió de los dedos un cangrejo que le hiso gritar tan fuerte, que hasta creo que espanto a las “llushcas”, porque ese día no pudimos pescar nada; el cangrejo se había agarrado tan fuerte a los dedos de Isaías que tuvimos que darle con una piedra para poder desprenderlo y evitar que Isaías siguiera llorando.
También era costumbre por parte de los chicos ir a matar unos pájaros a los que llamábamos “pugos”, dentro en las chacras de maíz, utilizando el jebe (honda); en esta actividad el mas experto de todos era mi amigo Santiago, más conocido como “shante”, a quien nadie podía igualar en puntería porque no fallaba un tiro, razón por la cual todos los chicos le teníamos envidia. Como yo no tenía buena puntería y no casaba ni plumas de pájaro, un mañana del día sábado o creo que fue domingo, decidí afinar la puntería y procurando que nadie me viese, entre en una chacra de maíz con mi jebe y piedra en mano, me acerque cautelosamente a una gallina que estaba rascando en latierra buscando gusanos y le di un solo jebazo en la cabeza que le hice abrir el pico y blanquear los ojos. Por la tarde mi abuela me pregunto que si había visto a la gallina ceniza, yo le respondí que no, al día siguiente mi abuela encontró la gallina muerta en la chacra de maíz y escuche que le dijo a nuestra vecina, que la peste había llegado a sus gallinas. Yo nunca le dije que había sido yo el causante de la muerte de su gallina, por lo que espero que Dios me perdone por haberla mentido. También iba con mi tío Zacarías por las noches a matar palomas silvestres en los pequeños bosques de la localidad; mi tío me llevaba para que yo enfocase a las aves con la linterna de mano en el momento en el que él iba a disparar con el jebe hacia el blanco. Una vez cuando estuvimos en esta actividad, escuchamos ladrar a nuestro perro Pisco quien siempre nos acompañaba a todos los lugares donde íbamos, nosotros pensamos que era un conejo, pero cual sería nuestra sorpresa al llegar al lugar de donde provenían los ladrido, era un zorrillo el cual desprendía un olor, nauseabundo que no pudimos soportar y en ese mismo momento decimos regresar a nuestra casa.
Mis padres en la iglesia asambleas de Dios el Naranjo
Después de terminar mis estudios primarios (1999), en el año 2000 estando ya viviendo con mis padres, me enviaron a realizar mis estudios secundarios en el colegio “Elías Aguirre” del centro poblado el Naranjo, donde estudie sólo primer grado. Posteriormente en el año 2001 me enviaron a estudiar el segundo grado en el colegio nacional “San Carlos” del distrito de Bambamarca, provincia de Hualgayoc, departamento de Cajamarca. En donde pase por una serie de dificultades y tristezas, ya que además de haberme separado de mis padres y de mis amigos de la escuela, tuve que aprender a realizar diferentes actividades domesticas como: cocinar y lavar, lo cual confieso que al principio me costó mucho trabajo, porque nunca antes había realizado estas actividades.
Recuerdo que fue un día domingo cuando yo y mi padre viajamos a Bambamarca en el camión de don Silvestre Sánchez al que le decían “el ñato”, ya ustedes se imaginara porque; después de aproximadamente 2 horas de de viaje llegamos a Bambamarca, luego fuimos a buscar un cuarto de alquiler y llegamos a la casa de una señora, de la cual no recuerdo bien sus apellidos pero se llamaba Tomasa, quien nos alquilo un cuarto. Allí preparaba mis alimentos no sé si bien o mal sazonados pero lo cierto es que a mis 13 años el hambre y la necesidad me instruían para cocinar, así por ejemplo las lentejas, los frejoles y las alverjas los ponía a remojar en la noche para que al siguiente día se cocinaran con rapidez.
Todos los viernes en la tarde después de salir del colegio iba al Naranjo para llevar mis provisiones el día domingo a Bambamarca, cada vez que me despedía de mis padres, especialmente de mi mamá, sentía mucha pena por lo que procuraba despedirme rápidamente para que no me dieran ganas de llorar. Con el transcurrir de los meses me acostumbre a vivir solo y ya no extrañaba mucho a mis padres, pero siempre los visitaba los fines de semana. Un viernes en que me quede sin un sol en el bolsillo para viajar al Naranjo, convencí a mis primos Lenin, James y Job quienes estaban en 1° grado de secundaria del colegio “San Carlos”, para ir caminando a ver a nuestros padres. Emprendimos el viaje aproximadamente a las 2 de la tarde del día viernes después de salir del colegio, habíamos caminado ya 1 hora y media, cuando nos encontrábamos por el lugar llamado el cerro Bombón, cuando de repente una torrencial lluvia acompañada de truenos y relámpagos cayó sobre nuestras espaldas, corrimos a guarecernos en una cueva del cerro y permanecimos allí durante aproximadamente una hora. Siendo ya eso de las cinco de la tarde y al ver que la lluvia no cesaba, decidimos continuar nuestro viaje, caminamos aproximadamente una hora más con la lluvia sobre nosotros, y una hora después de que cesara la lluvia llegamos al Naranjo a las seis de la tarde completamente mojados, recuerdo que mi padre me regaño por haber llegado en ese estado diciéndome: que mejor me hubiese quedado en Bambamarca, pero ese no sería el único regaño que recibiera, porque al siguiente día mi tío le reclamo a mi padre el que yo haya inducido a su hijo Lenin a viajar caminando, lo cual puso aun mas furioso a mi padre quien me amenazo con castigarme, y si no hubiese sido por mi madre que salió en mi defensa, mi padre me habría dado tal golpiza, que hasta ahora me estaría doliendo.
Ese mismo año en el mes de de agosto, después de las vacaciones de medio año, exactamente un día miércoles me enferme con una fiebre que casi me mata y de no ser por la ayuda de doña Tomasa que iba a verme cada cierto rato para ver si aún permanecía con vida, actualmente estaría con San Pedrito en el paraíso y no les estaría contando esta mi historia. El día viernes de esa misma semana llegaron mis padres y me llevaron al Naranjo, les diré que prácticamente yo parecía más una “calavera” que una persona normal. Ya en el Naranjo mis padres me llevaron a la posta médica de ese lugar y la enfermera la señorita Yolanda, me receto no se qué cantidad de pastillas y jarabes, pero recuerdo que fueron demasiados, porque durante los dos meses que permanecí enfermo no los termine de tomar; tal vez se preguntaran porque mis padres no me llevaron al hospital de Bambamarca, bueno, la verdad es que ni yo mismo lo sé. Los dos meses que permanecí enfermo fueron perjudiciales para mí, ya que además de afectar mi salud también afectaron mis estudios, porque durante esos dos meses no pude ir al colegio perdiendo las clases y los exámenes que se tomaron durante ese lapso de tiempo que estuve enfermo, por lo que decidí retirarme y perder ese año; durante ese tiempo que no fui al colegio ayudaba a mi madre en los quehaceres de la familia como mudar el ganado y cultivar la chacra, ya que, mi padre es profesor de primaria y trabaja todo el día en la escuela de mi localidad.
Al siguiente año en el 2002 continué con mis estudios en el colegio nacional “San Carlos”. Para ese entonces mi padre compro una casa en Bambamarca del señor Santiago Vásquez a donde pase a vivir. En este año termine el segundo grado de la secundaria.
A mediados del año 2003 estando en 3° grado de la secundaria, mi padre me traslado al colegio estatal “Elías Aguirre” del Naranjo donde termine el 3° grado de la secundaria.
En el año 2004 volví al colegio “San Carlos”, donde termine el cuarto grado de educación secundaria.
En el año 2005 cuando el colegio nacional “San Carlos” se encontraba cumpliendo sus “bodas de oro” y estando yo de promoción sucedió algo que siempre recuerdo. Fue un día viernes, día en el cual los profesores por lo general acostumbraban faltar, uno de mis compañeros al que nosotros le decíamos “shabe”, fue el de la idea de escaparse por el poste de luz que se encontraba al lado de la ventana de nuestro salón, al principio hubieron diversas opiniones unos apoyábamos el escape, de los cuales la mayoría éramos hombres; y otros estuvieron en contra de los cuales mayormente eran mujeres. Nadie quería ser el primero en iniciar la fuga, hasta que “shabe” fue el que dio la iniciativa y todos los compañeros hombres seguimos su ejemplo, y uno por uno fue descendiendo por el poste, los que quedaron en el salón fueron solamente las compañeras mujeres las cuales dieron información de la fuga al auxiliar del colegio. El día lunes de la siguiente semana todos asistimos de lo más normal a clases, no contábamos con sorpresa de que el auxiliar ya tenía conocimiento de la fuga masiva que se había realizado, al momento de ingresar como es costumbre nos pidió nuestro carnet, después de verificar nuestra identidad y conforme íbamos llegando, nos hacía pasar a la dirección, cuando ya estuvimos todos los fugitivos en la dirección el director Edilberto Terán nos dijo con voz despectiva: “¿con que ustedes son los relajaditos ? Para mañana todos me traen a sus padres o apoderados”. Recuerdo que yo lleve a un vecino mío para que para que intercediera por mí. Mis padres nunca lo supieron pero en esa ocasión me expulsaron por dos semanas del colegio.
En el viaje de promoción mis compañeros fueron al cusco, yo lamentablemente no pude ir porque en esos días nuestra casa donde vivíamos antes se derrumbo, lo que afecto a la economía de mi padre, pues tuvo que sacar un préstamo del Banco para construir una nueva casa, y por mas que le rogué para que me enviara, no acepto.
Al terminar la secundaria en el 2005, sentí mucha pena por el colegio y por mis compañeros de clase con quienes compartí muchas alegrías y tristezas durante mi vida escolar. En el 2006 postule a la Universidad Nacional de Cajamarca a la especialidad de Ingeniería Geológica a la que lamentablemente no logre ingresar. Posteriormente volví a casa de mis padres donde permanecí por cuatro años dedicándome a las actividades del campo.
En el año 2010 viajé con mi tío Wilmer Guevara al distrito de Nueva Cajamarca provincia de Rioja comprensión del departamento de San Martin, en se lugar nos dedicamos al cultivo del café en las fincas de mis familiares Inder Guevara, Jorge Guevara y del señor Segundo Medina. En los días de la cosecha de café subíamos al cerro “el Cóndor”; para llegar a la chacra caminábamos aproximadamente 2 horas con 30 minutos, en los días cuando hacía bastante calor llegábamos tan agotados, que hasta el contarles me da cansancio. Para realizar la cosecha utilizábamos un embase al que llamábamos “media lata”, que estaba hecho de un recipiente de aceite de motor de 18 litros partido a la mitad. Una vez, estando yo en plena cosecha en una planta de café bastante frondosa y con abúndate fruto, estaba tan entusiasmado en el trabajo, que no me percate de una víbora que estaba escondida entre las ramas de la planta, hasta el momento en que cayó dentro de mi “media lata”; la verdad no sé cómo, pero en menos de un segundo solté la media lata al suelo con todo café que hasta el momento había cosechado, y pegue un salto de casi dos metros, para alejarme de la víbora, mi tío Jorge que estaba cerca de mí percatándose de lo sucedido cogió una rama café del suelo, y le dio tres porrazos a la vibora y la mato, luego me dijeron que la víbora había sido una “loro machaco” y que la verdad había tenido suerte, porque si me hubiera mordido era casi seguro que me hubiese matado, porque este tipo de víboras son muy venenosas y que muy raras son las personas que logran sobrevivir a su veneno.
En el 2011 volví nuevamente a mi querido Naranjo donde trabaje en el proyecto de electrificación rural para la empresa Cobra Perú durante 9 meses.
Posteriormente en el mes de enero del 2012, después de hacer un examen de conciencia y de descubrir que tenía vocación por la agricultura decidí postular nuevamente a la Universidad Nacional de Cajamarca a la especialidad de Agronomía, para lo cual me inscribí en la academia CEPUNB del distrito de Bambamarca con el fin de prepararme para el examen de admisión del 25 de marzo del mismo año, examen en el cual logre ingresar.
Con mis compañeros en la academia CEPUNB en Bambamarca
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